Cerro Largo
Dies ist ein Segen ", sagte Aida Calvette als sie ihrem Mann half,
das Wasser von den Dächern ihrem bescheidenen Haus aufzufangen
und in in Tonnen zu füllen.
Márquez sammelt Regenwasser in einem Tank von 100 Litern in Rincon del Rey. Foto: N.Araújo.
MELO NÉSTOR ARAÚJO sáb jun 6 2015
Las lluvias que cayeron ayer en las zonas rurales de Cerro Largo dieron
una tregua a los pobladores, que recogieron y almacernaron el líquido
elemento "por si esta sequía continúa", dijeron a El País.
Aída y su marido, Pedro Márquez, residen en Rincón del Rey, una de las
localidades rurales más afectadas por la falta de lluvias.
La Intendencia de Cerro Largo venía asistiendo con cerca de 1.600
litros de agua potable por semana a una docena de vecinos, con ayuda del
Comité de Emergencia.
Ayer, en los alrededores de Melo, llovieron 30 milímetros desde las 7
de la mañana hasta las 16:00 horas, de acuerdo a lo que informó la
estación de Meteorología de Melo.
huerta muerta.
"Hacía 5 meses justo que no llovía esta cantidad en esta zona", dijo Calvette.
"Nosotros no tenemos ovejas ni vacas, solo una huerta donde todo lo que
teníamos plantado se murió. El agua que utilizamos es solo para la
higiene personal y para consumo", explicó la mujer, que vive con su
marido y un nieto de 10 años.
Ayer, en pleno chaparrón, Pedro Márquez tomó un balde, lo colocó bajo
del alero de las chapas de cinc para llenarlo de agua y proceder a
volcarlo en tarros de 100 y 200 litros.
"Con este acopio que hacemos nos dura varias semanas para regar las
plantas, para lavar la cocina, los pisos, y para el baño; porque para
tomar, la Intendencia nos seguirá trayendo agua potable desde Melo",
explicó su esposa.
Calvette dijo que logró juntar más de 2.000 litros en tanques "y esto
me da para algunos días; además, no sabemos si va a seguir lloviendo o
va a mejorar el tiempo; ese es el miedo constante que tenemos".
Explicó el trabajo que pasa para lavar las prendas de vestir.
"Yo pongo en remojo las ropas en estos baldes negros de la
construcción, con bastante jabón, dejo un rato y luego enjuago en otro
tacho para ahorrar la máxima cantidad de agua posible", contó,
describiendo con desazón las peripecias que se viven en el medio rural a
causa del déficit hídrico que se acumula desde el verano.
"Aquí no es como en la ciudad que tienen todas las comodidades; en las
ciudades abren una canilla y el agua sale hasta caliente. Aquí no hay
canilla, hay que agarrar una jarra, una lata o un balde y cargar con eso
para el baño o para la cocina" sostuvo.
De lo contrario, sacar del aljibe en balde. Pero el aljibe, hoy, está vacío.
El Pais
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