Das Frühwarnsystem für Überschwemmungen Bürgermeister hält die Analyse von Daten Durazno 6 Stunden, aber mehr Regen behindern die Evakuierten zurückkehren zu können
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- © N. Garrido
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- Die drückende Hitze der Zelte beherbergen Durazno im Bereich des Sports in der Stadt, zwang die Evakuierten zu nass mit Wasser aus dem Feuer Motor abkühlen zu bekommen. In einem der Zelte, leben acht Familien, die zusammen sechs Tage, andere für drei Tage, die von ihren überschwemmten Häusern gerettet werden könnten.
“Acá se está bien. Nos dan desayuno, almuerzo y merienda”, dice Carolina, que está desde el miércoles con su esposo y sus dos hijos. No sabe cuándo podrá volver, pero ya ha recibido donaciones que le permitirán reacondicionar su casa, ubicada en el barrio La Calera.
Gloria y Estela, dos de sus vecinas de carpa, no ven la hora de volver a sus casas. “Hace seis días que estamos acá. Es mucha gente conviviendo”, dice Estela. Gloria agrega que la cantidad de gente hace que los baños no estén en las mejores condiciones y que falte agua caliente, aunque destaca que la asistencia de las personas que trabajan allí es muy buena. “Cuando llueve la carpa se inunda y cuando hay viento temblamos”, cuenta Gloria.
El río Yí comenzó a volver a su altura normal. En la tarde de ayer se ubicaba en los 9,80 metros y venía bajando entre dos y tres centímetros por hora, según estimaciones de la Intendencia de Durazno. Sin embargo, muchas de las calles de Durazno todavía parecen canales de Venecia. “Que esté bajando rápido significa que puede subir rápido también”, opinó un vecino del barrio La Amarilla, rodeado por el agua. El sistema de alerta temprana creado por el Instituto de Mecánica de los Fluidos e Ingeniería Ambiental (Infia) de la Facultad de Ingeniería, permite estimar la crecida del río.
El intendente Benjamín Irazábal, que además es ingeniero civil, ha optimizado los resultados que, cada una hora, reciben en forma de gráfica. El jerarca, junto a un equipo del Centro de Emergencia Departamentales (Cecoed), analiza los datos y vuelve a graficarlos, para compararlos con la realidad. “Lo que estamos haciendo con esto es comprobar científicamente el saber popular. Con esto sabemos que si se inunda Sarandí del Yí, tres días después se inundará Polanco del Yí (a 90 kilómetros) y treinta horas después de que llegue a Polanco del Yí el agua llegará a Durazno”, explicó Irazábal.
El intendente dedica seis horas diarias a analizar los datos recibidos y en base a los resultados definen qué zonas evacuar aunque algunas personas se niegan a abandonar sus hogares (ver recuadro).
Cecoed funciona con voluntarios que trabajan tanto dentro como fuera del local. Uno de ellos es una niña de 13 años que, desde que la situación se volvió crítica, dedicó sus vacaciones a atender el teléfono, recibir donaciones o pasar datos a la computadora.
Debido a que los pronósticos auguran más lluvias no hay fecha de retorno. Jesús Rodríguez, director de Cecoed, explicó que las donaciones las derivan a la Cruz Roja y los clubes Rotary y Leones porque ellos no cuentan con la logística necesaria para administrarlas. No desean recibir ropa, “porque eso perjudica a los pequeños comerciantes de la zona”, explicó Rodríguez, pero sí artículos de desinfección y pintura para que los damnificados puedan acondicionar sus casas apenas regresen.
Vivió 30 inundaciones y no se quiere ir de su casa
“Bájense de ahí, se tienen que bajar de ahí”, le gritaron los oficiales de Prefectura a unos niños que usaban las vías del tren como trampolín. No se estaban tirando al río, se estaban tirando a una avenida por la que hace unos días circulaban autos. También intentaron persuadir a Santos Verón, conocido como “El Poli”, un vecino del barrio La Amarilla, para que dejara el techo de su casa, a donde se había subido para evitar el agua. Pero el hombre de 74 años y con 30 inundaciones en su haber se negaba. “Yo de acá no me voy. A la edad mía, capaz que me quedan pocas afeitadas”, dijo con voz segura. Verón tuvo que cerrar una panadería en 2007 porque las inundaciones de ese año arruinaron las máquinas y el local donde sus hijos vendían el pan. Su casa no tiene muebles, solo un ventilador que intenta secar una de las habitaciones. El agua lo rodea y si quiere ir a comprar leche tiene que hacerlo en bote.
Quelle...El Observador
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